Después de la catastrofe:
El Plan Vargas de reconstrucción y desarrollo nacional
Por la Unidad de Investigación de Fuerza Productiva (febrero de 2000)
Una vez ocurrida la dolorosa catástrofe el 15 de diciembre, una de las más graves en la historia de Latinoamérica, hay que dirigir todos los esfuerzos de la nación, no sólo en rehabilitar el Estado Vargas y demás zonas afectadas, sino en poner en marcha un ambicioso plan de reconstrucción nacional con el fin de hacer de Venezuela un país desarrollado.
Porque, si a ver vamos, la mayoría de los afectados del 15-D, más que de las lluvias, fueron víctimas del subdesarrollo. De haber habido una economía pujante durante los últimos cuarenta años, y si, de esta forma, todos los venezolanos hubiesen tenido una vivienda digna, en lugares adecuadamente urbanizados, en lugar de vivir en ranchos ubicados al borde de las quebradas, las pérdidas materiales y humanas habrían sido mucho menores. Sería un desperdicio de energía y de recursos limitarse a reconstruir las zonas afectadas para llevarlas al mismo nivel existente antes del 15-D. Hay que aprovechar la oportunidad, más bien, para resolver los problemas económicos de fondo y llevar a cabo un plan de reconstrucción y desarrollo similar al que se llevó a cabo en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.
Seguidamente presentamos nuestra propuesta de reconstrucción y desarrollo nacional, a la cual hemos decidido darle el nombre de "Plan Vargas" por tres motivos: primero, porque el Estado Vargas fue el más afectado y consideramos inaceptable declararlo camposanto o hacer de él un mero centro turístico al estilo Cancún; segundo, en memoria del Dr. José María Vargas porque habiendo resultado ileso en el terremoto de 1812, Vargas se abocó a curar a los afectados por el desastre en esa región; y tercero, porque José María Vargas siendo el segundo Presidente de Venezuela, representa el líder que necesita Venezuela para llevar a cabo un plan de este tipo: un profesional y educador capacitado, un científico de primera línea, un hombre moralmente íntegro que buscaba el bien común y que orientó su gobierno a la reconstrucción de un país casi destruido por la guerra de Independencia, en una época caracterizada por caudillos ególatras e ignorantes que sólo buscaban perpetuarse en el poder.
El Litoral Central como verdadero polo de desarrollo
El estado Vargas posee una ubicación ventajosa para el desarrollo económico, de hecho, hasta hace poco era parte del Distrito Federal, el puerto de La Guaira es uno de los más importantes del país y el aeropuerto internacional de Maiquetia es el mas grande y moderno. Esto genera una intensa actividad comercial con industrias de empaque y de mayoreo; cuenta con una moderna infraestructura hotelera y recreacional. Por eso, no sólo hay que reconstruirlo totalmente, sino llevarlo a niveles muy superiores a los existentes antes del 15-D, urbanizándolo adecuadamente, construyendo mejores vías, etcétera. No se trata meramente de "ayudar" a los damnificados, sino de reconstruir un Estado que aporta riqueza a la nación, porque es necesario hacerlo y porque es un buen negocio para todos.
Como punto de partida, hacen falta vías de comunicación alternas a la Autopista Caracas-La Guaira, por lo cual debe construirse cuanto antes el ferrocarril Caracas-El Litoral y una segunda autopista, que comunique Altamira con Caraballeda a través de un túnel similar a los Boquerones, planificado y proyectado desde hace más de cuarenta años. Además, debe hacerse una autopista La Guaira-Higuerote que de una vez por todas lleve el desarrollo a toda la región del Litoral Central.
Deberán fabricarse represas y canalizar las salidas del agua al mar de las hoyas hidrográficas de la montaña, para evitar que se repita la tragedia, lo cual redundará en recursos hídricos y fuentes de electricidad utilizable en el Estado.
En cuanto a los servicios, no vale la pena meramente restaurarlos o reconstruirlos, sino hacerlos muchos más amplios y modernos en comparación con los que habían antes: tuberías y acometidas de aguas blancas y aguas negras superiores a las anteriores, tendidos eléctricos con mucha mayor capacidad, servicios telefónicos para más gente, parques, escuelas, liceos, y universidades, que deben contar con instalaciones muy superiores a las existentes anteriormente. Debe urbanizarse al Estado Vargas de forma adecuada y segura, creando las condiciones para construir viviendas, edificios, hoteles y clubes recreacionales superiores a los que antes existían. También deberán construirse amplias y modernas zonas industriales y comerciales que por su cercanía a Caracas, al puerto y al aeropuerto, serán ideales para establecer, por ejemplo, industrias vinculadas a la electrónica y a la biotecnología como las que existen en el llamado Valle del Silicón, en California.
De esta manera, todos los venezolanos, acompañando a los damnificados de esta región y de otras regiones afectadas, participaremos directamente en el desarrollo de sus Estados y de Venezuela entera con nuestro trabajo moralizador y enriquecedor, a fin de que nuestros hermanos regresen a un mejor lugar del que salieron, y que todos los venezolanos contemos con un país donde podamos realizarnos como personas, educar a nuestros hijos, y asegurar una vida mejor, tal como ocurrió con los europeos de 1955, que lograron restaurar sus naciones a niveles superiores a los de preguerra.
La propuesta de Chávez
Según las propias palabras de Chávez y de sus principales funcionarios, el plan del Gobierno frente a la catástrofe del 15-D es llevar a los damnificados al interior del país en donde se les suministrará vivienda cuando sea posible; y cuando no, se les alojará en cuarteles militares y demás instalaciones provisionales mientras se construyen nuevas viviendas con créditos y apoyo internacional. "Tengo el escritorio lleno de ofertas de China, México, y Estados Unidos", dijo Chávez.
Además promete suministrarles empleo a través de la creación de microempresas, para que se dediquen a labores artesanales, como la carpintería, la fabricación de electrodomésticos, etcétera. Esto es lo que Chávez llama "polos de desarrollo".
En cuanto al Estado Vargas, todavía hay una discusión dentro de los partidos oficialistas sobre su destino. Las alternativas mencionadas son declararlo camposanto (al menos las zonas mas terriblemente afectadas) y/o reconstruirlo a medias. Para el Gobierno, recuperar un 75 por ciento de lo que existía sería considerado un gran éxito. Un plan económico de reconstrucción y desarrollo, como el que aquí proponemos, cambiaría esa visión estrecha por una llena de optimismo y entusiasmo.
El primer error que comete el Gobierno con su plan de ayuda a los damnificados es cargar con nuevos desempleados a las regiones ya deprimidas, como Guri y otros pueblos en donde irán a parar los damnificados en forma permanente. El Gobierno piensa que al dividir el problema logra diluirlo, sin embargo, lo único que hace es agravar la situación de los lugares no afectados por la catástrofe del 15-D, pero sí afectados por la crisis que venimos padeciendo. Y en lugar de resolver el problema de los damnificados, lo empeora, puesto que en aquellas zonas no encontrarán empleo ni solidaridad, no porque la gente no quiera dárselos, sino porque no pueden.
El segundo error en que incurre, es aceptar las propuestas extranjeras para la construcción de viviendas sólo porque ofrezcan algún tipo de financiamiento. De esta forma, apenas si se construirán unas cuantas casas, que difícilmente podrán ser adquiridas por sus potenciales inquilinos, a cambio de un nuevo compromiso internacional que pasará a engrosar la ya abultada deuda externa.
Dentro de la Cámara de la Construcción existen centenares de empresas capacitadas y con experiencia que necesitan urgentemente contratos para reactivarse y generar más de un millón de empleos. De hecho, son muchos los sistemas venezolanos de construcción que se han exportado con éxito. Así que, ¿por qué contratar a los extranjeros?.
En cuanto al financiamiento, no es necesario obtenerlo internacionalmente, puesto que el sistema bancario venezolano puede suministrar los créditos hipotecarios para financiar un ambicioso plan de viviendas, siempre y cuando se bajen las tasas de interés y se modifiquen las condiciones macroeconómicas del país. Esto no significa rechazar la ayuda o la inversión extranjera, sino aceptarla en los rubros que los venezolanos no podamos cubrir.
Los créditos y donaciones que Venezuela recibe del exterior desde diciembre pasado, por ejemplo, pueden ser utilizados en la reconstrucción de la misma forma que los europeos utilizaron el dinero proveniente del Plan Marshall: invirtiendo en máquinas herramienta de alta tecnología para fortalecer el parque de empresas de bienes de capital y de máquinas herramienta con las cuales fabricar el equipo necesario para la reconstrucción, que hasta ahora se viene importando y que ya estamos en capacidad de fabricar en Venezuela.
El tercer error consiste en fomentar principalmente el empleo artesanal y la microempresa, cuando lo que se requiere, como hemos explicado en anteriores artículos, es más bien promover y fortalecer las grandes empresas. Aunque constituye la semilla y el soporte de la pequeña y mediana empresa, la economía artesanal no tiene la envergadura necesaria para generar empleo masivamente y carece del capital requerido para invertir en tecnología y bienes de capital, condición indispensable para el verdadero desarrollo de una nación. De paso, la microempresa también necesita de crédito (que no siempre podrá provenir del Estado) y de la demanda de sus productos, que se ven obligados a competir con los importados en un mercado deprimido.
No es aceptable hacer de Vargas un mero centro turístico y recreacional al estilo Cancún, como proponen algunos, porque parten de los mismos supuestos de los que desean declarar al Estado un camposanto. Estos dicen que como no hay recursos para reconstruir el Estado hay que dejarlo como está, o hacer extensas zonas de áreas verdes; aquellos dicen que como no hay recursos propios, busquemos a las transnacionales hoteleras para que construyan costosos hoteles que puedan ser pagados por turistas con dólares, y así quizá nos quede algo.
Esto es una falsa disyuntiva, las dos propuestas parten del absurdo argumento que los venezolanos no tenemos recursos ni somos capaces de reconstruir el Estado. Son propuestas impotentes e inmorales que no tienen cabida en la Venezuela que queremos. No tenemos inconveniente en imitar los aciertos de las demás naciones, por eso proponemos como modelo el Plan Marshall de 1947.
El Plan Marshall como modelo
Como veremos en el próximo artículo, el Plan Marshall para reconstruir a Europa después de la Segunda Guerra Mundial tuvo las siguientes características:
Primero, se trató de un programa de reconstrucción que tuvo éxito a pesar de acometer los daños de la más terrible guerra de la historia de la humanidad.
Segundo, en cuanto al aspecto financiero, se trató de un plan que tuvo como combustible tan sólo un diez por ciento del monto global, 13 mil millones de dólares que suministraron los norteamericanos y, sin embargo, sirvió de multiplicador para generar los 100 mil millones de dólares que aportaron los europeos.
Tercero, los fondos no fueron entregados indiscriminadamente, sino que fueron dirigidos estrictamente hacia el aumento de la productividad, la rehabilitación y creación de empresas de bienes de capital y máquinas herramienta, la eliminación de los cuellos de botella de la producción, y la simplificación y estandarización de la actividad productiva.
Cuarto, se llevó a cabo por medio de la empresa privada. Los gobiernos sólo jugaron el papel de coordinadores y catalizadores del proceso económico de reconstrucción.
Quinto, tuvo como eje fundamental el desarrollo científico y tecnológico, a fin de multiplicar y optimizar la producción de los países.
Y Sexto, pocos años después de haber finalizado el plan, Europa definitivamente se encontraba en una situación económica superior a los niveles de preguerra. Es decir, más que un proyecto de reconstrucción, fue un programa económico de desarrollo que hubiera podido llevarse a cabo aún si la guerra no se hubiese desatado. De hecho, podría decirse que el programa no ha finalizado, puesto que todavía existen, y siguen operando, los bancos de reconstrucción y los mecanismos creados desde entonces.
Diferencias y similitudes con el caso venezolano
El Plan Marshall se llevó a cabo con apoyo financiero norteamericano, es decir, se trató de un proyecto de ayuda internacional. En nuestro caso, gracias a la industria petrolera, contamos con una poderosa fuente de divisas extranjeras para acometer el proyecto sin financiamiento externo. Pero están siendo muy mal utilizadas, puesto que además del pago de la deuda externa, un altísimo monto se gasta en importación de bienes de consumo, incluso alimentos, que en caso de iniciar un plan económico de reconstrucción presionaría sobre la balanza de pagos, generando una tendencia alcista del cambio y una disminución de las reservas internacionales.
El Plan Marshall, aparte de la ayuda financiera, incluyó el apoyo científico y tecnológico de los norteamericanos, que afianzó ese sector científico ya existente en Europa. Venezuela, por su parte que siempre ha mantenido buenas relaciones con los Estados Unidos y Europa, en vez de malgastar las divisas extranjeras para importar bienes de consumo, debe dirigir su uso hacia el impulso y adquisición de la tecnología necesaria para llevar a cabo un plan de industrialización nacional, mientras alcanzamos nosotros mismos los niveles científicos que se requieren para ser medianamente autosuficientes y reproductivos tecnológicamente. De modo idéntico, podríamos ser asesorados en la implantación de esas industrias. En Venezuela existe el conocimiento y la experiencia para abocarnos a este paso nunca dado, pues los programas de desarrollo asesorados por la ONUDI y la CEPAL se han limitado al sector de bienes de consumo y de partes y piezas.
El Plan Marshall fue posible gracias a los altos niveles de industrialización y del cuantioso número de profesionales capacitados existentes en Europa, que permitieron absorber los recursos del plan y transformarlos en obras, empresas, y bienes. Aunque Venezuela no cuenta con el mismo nivel de industrialización y preparación, los cuarenta años de democracia y los cincuenta años de producción petrolera han permitido graduar, dentro y fuera del país, más de un millón de profesionales universitarios, muchos de ellos con experiencia en el exterior, legiones de técnicos universitarios, técnicos medios, obreros capacitados, y tantas personas de buena voluntad dispuestas a llevar a cabo un ambicioso plan de desarrollo nacional como el que aquí proponemos. En cuanto a los profesionales que se han ido a vivir al exterior, muchos regresarían a Venezuela a dar su aporte, siempre y cuando consigan aquí las condiciones mínimas para realizarse como personas y disfrutar de una vida digna y productiva; de manera que también se revertiría el proceso de "fuga de cerebros".
Las condiciones macroeconómicas de los países involucrados en el Plan Marshall de 1947 eran fértiles para el desarrollo económico interno: bajas tasas de interés; créditos abundantes y a largo plazo para la industria y la agricultura; bajos impuestos para la actividad productiva; las importaciones se limitaban a lo necesario para impulsar la producción interna de cada país y el consumo nacional; la economía estaba orientada a suplir el mercado interno y no a las exportaciones; y los tipos de cambio eran fijos, según lo establecido en los acuerdos de Bretton Woods.
En cambio las condiciones macroeconómicas en Venezuela, que no son otras que las generadas por los condicionales del Fondo Monetario Internacional, son muy agrestes, más propias para la destrucción que para el desarrollo de la economía: altas tasas de interés activas y variables, que impiden la acción dinamizadora del consumo y de la producción; los créditos para la producción no existen, o simplemente no pueden contratarse por las exigencias draconianas que conllevan y por la incertidumbre en cuanto al monto de las altas tasas aplicadas, que pueden cambiar de un momento a otro; hay impuestos altamente retardadores de la economía como el IVA y el Impuesto al Débito Bancario, que han auxiliado al Fisco por la caída del Impuesto Sobre la Renta, puesto que cada vez existen menos empresas rentables, o de plano ya quebraron; existe una apertura indiscriminada, que deja sin mercado a la incipiente industria nacional, de hecho, se producen cada vez menos bienes en el país, llegando a tener prácticamente una economía de importación; nuestra moneda es inestable y está sometida permanentemente a las devaluaciones. Estas condiciones someten al país a una severa recesión y cualquier exceso de liquidez, a falta de una producción domestica que la respalde, se hace inflacionaria e inmediatamente es recogida a través de los Títulos de Estabilización Monetaria (TEM) o se convierte en fuga de divisas, induciendo a nuevas devaluaciones y a una mayor desconfianza en nuestra moneda.
Modificar las condiciones macroeconómicas
Si los expertos del Plan Marshall de 1947 hubiesen llegado a la Venezuela del 2000, lo primero que habrían propuesto para reconstruir el Estado Vargas y desarrollar el país sería modificar las condiciones macroeconómicas existentes en el país, pues muchos de ellos conocían los desastres que las medidas de austeridad habían ocasionado en Alemania después de la Primera Guerra Mundial, y sabían de los efectos perniciosos de una economía orientada hacia el monetarismo y la especulación, puesto que los habían experimentado ellos mismos durante la recesión de los años treinta.
Lamentablemente, no podemos esperar lo mismo de los expertos financieros norteamericanos de hoy en día, pues la mayoría opera con conceptos muy distintos a los del modelo productivo de Franklin Delano Roosevelt y de John F. Kennedy, y más bien han adoptado el modelo tecnotrónico de la sociedad postindustrial. Por eso, muchos de ellos estarían de acuerdo con los condicionales del FMI, pese al evidente fracaso que han experimentado en todos los países en donde se han aplicado, aunque irónicamente han sido diseñados para "corregir los defectos" de las economías en crisis.
Por tanto, nuestro planteamiento más importante es aprovecharla oportunidad que nos brinda un proyecto de reconstrucción nacional para desmontar los condicionales del FMI.
Es necesario bajar las tasas de interés a niveles inferiores al diez por ciento, preferiblemente por debajo del seis por ciento con la tasa activa.
Poner en práctica una política de "compre venezolano", estableciendo aranceles de protección para los bienes que puedan producirse nacionalmente, conforme a una planificación científica de corto, mediano y largo plazo, concertada con el sector privado, dando prioridad al sector de máquinas herramienta y bienes de capital.
Utilizar el poder del Estado para fortalecer al sector ciencia y tecnología, auspiciando proyectos de investigación y desarrollo en áreas fundamentales, y establecer una estrecha relación del sector con la empresa privada, para que haya una continua transferencia de conocimientos.
En lugar de recurrir ala inversión extranjera como única alternativa al desarrollo, fomentar, a través de la producción interna; la creación de un poderoso capital privado nacional orientado hacia el mercado interno, en vez de forzarlo prematuramente hacia la exportación, al no existir un mercado nacional suficientemente amplio. Esto puede cambiarse reactivando la economía en los términos que proponemos y generando fuentes de empleo productivo que aumenten la capacidad adquisitiva del venezolano.
Como en el Plan Marshall en lugar de contratar empréstitos en el extranjero como fuente principal de financiamiento, utilizar la figura del crédito interno como mecanismo para financiar las grandes obras de infraestructura necesarias para reconstruir las zonas afectadas y para hacer muchas otras obras más en el resto del país.
Eliminar los impuestos "retardadores" de la actividad productiva, como el IVA y el Impuesto al Débito Bancario, y sustituirlos por aranceles de importación e Impuesto Sobre la Renta. Los aranceles originalmente serán altos para proteger la industria nacional y por tanto constituirán un buen ingreso para el Fisco. Luego irán disminuyendo a medida que mejore nuestra competitividad, y conforme a un plan preestablecido y serán reemplazados por la recaudación saludable del Impuesto Sobre la Renta.
El mismo cada vez será mayor como resultado de las ganancias que obtendrá el sector privado supliendo la demanda de las cestas familiar e industrial con productos de cada vez de mayor agregado nacional. Este método, de la producción nacional de bienes, es el mejor para reducir -y finalmente anular- el déficit fiscal.
Finalmente, utilizar las divisas extranjeras para importar bienes que no puedan ser producidos en el país, particularmente bienes de capital y máquinas herramienta de tecnología sofisticada que sirvan para mejorar y multiplicar la producción (para mayor información, ver el artículo titulado "Lineamientos Macroeconómicos para el Desarrollo", publicado en la revista Fuerza Productiva, Volumen I, Número 3) .
Cuando los voceros del Gobierno hablan de declarar al Estado Vargas camposanto, lo hacen porque las condiciones macroeconómicas no permiten la inversión, ni el desarrollo. De hecho, toda Venezuela será como un gran camposanto si los condicionales del FMI permanecen vigentes por unos cuantos años más. En cambio, con las condiciones que aquí proponemos, habrá inversión en el país y desarrollo interno, y se podrá reconstruir el Estado Vargas y otros estados siniestrados, además, será un buen negocio para todos hacerlo y Venezuela saldrá fortalecida. Esta es la auténtica forma de hacer honor a los hermanos que pagaron con su vida nuestros errores del pasado.
Por: Alejandro Peña Esclusa
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