Manifestación frente a la Embajada de Cuba 26 de mayo: el Gobierno se quita la máscara Por: Tibisay Valdez (junio de 2001) El pasado 26 de mayo, la asociación civil Fuerza Solidaria convocó a una concentración pacífica frente a la Embajada de Cuba, para protestar en contra de la política cubanizante del Gobierno; que incluye, entre otros aspectos, la venida de médicos y entrenadores deportivos cubanos; el adoctrinamiento en la educación, a través del Decreto 1.011 y el Proyecto Educativo Nacional; la creación de círculos bolivarianos, similares a los Comités de Defensa de la Revolución cubanos; la estrangulación deliberada del sector privado de la economía; el irrespeto a la propiedad privada; el ataque permanente a los medios de comunicación y a la Iglesia Católica; la politización a ideologización de las Fuerzas Armadas; la amistad con la guerrilla colombiana; y el envío de petróleo al régimen de Fidel Castro. Luego de solicitar los permisos correspondientes en la Alcaldía de Baruta, Fuerza Solidaria se dedicó durante varias semanas a promover la asistencia a la concentración, a través de los medios, y a organizar el acto, que contemplaba discursos de prestigiosos venezolanos -médicos, entrenadores deportivos, militares retirados, periodistas, educadores, empresarios, etcétera- quienes hablarían de los efectos nocivos de la cubanización en los sectores por ellos representados. El 22 de mayo, faltando apenas cuatro días para el acto, la Embajada de Cuba, en combinación con la Fundación Juventud y Cambio (dependiente del Ministerio de Educación), anunció para el 26 de mayo la realización de un "acto cultural", que se llevaría a cabo justo a la misma hora y, ¡qué casualidad!, también frente a la Embajada. Como era de esperarse, el anuncio de los cubanos generó una tensión inusitada. El 24 de mayo, El Nuevo País titulaba así su primera plana: "Habrá leña entre castristas y anticastristas". Había imprecisiones en la información, porque no se trataba de "anticastristas", es decir, de enemigos de Fidel Castro, sino de venezolanos preocupados por la cubanización de Venezuela, lo cual es muy distinto. Pero lo cierto es que eso sirvió de abrebocas para que todos los medios se volcaran a cubrir el tema. El Alcalde de Baruta, Henrique Capriles Radonsky, tomó cartas en el asunto, reconfirmando los permisos a Fuerza Solidaria, solicitados con semanas de anticipación, y negándoselos públicamente a los cubanos, por pedirlos a última hora y por querer llevar a cabo una manifestación simultanea de signo contrario, lo cual evidentemente podría desembocar en violencia. Los lógicos argumentos esgrimidos por el Alcalde no constituyeron un obstáculo para el Embajador de Cuba, Germán Sánchez Otero, y mucho menos para el Ministerio de Educación. El 26 de mayo, a las 6:00 de la mañana, comenzaron a llegar de todas partes del país autobuses oficiales repletos de emeverristas, portando banderas de Cuba; con el detalle adicional que las astas no eran de madera, sino cabillas de sólido acero. Los organizadores de la contramarcha no se molestaron en contratar autobuses comerciales para disfrazar los orígenes de los fondos; los vehículos estaban claramente identificados con los símbolos de las alcaldías de Barinas, Los Guayos, Guacara, Caracas; de la Universidad de Carabobo; de la Gobernación de Vargas; y así sucesivamente. Desde ese mismo momento, los emeverristas, incitados por funcionarios cubanos y por el licor que les daban, comenzaron a hostigar e insultar a los pacíficos manifestantes de Fuerza Solidaria, impidiéndoles realizar el acto tal como estaba organizado. Cuando finalmente llegó la Policía Metropolitana, en lugar de desalojar a los emeverristas, informó a los sorprendidos funcionarios de la Policía de Baruta que tenían ordenes expresas del ministro Luis Miquilena de no hacerlo y de simplemente actuar como "árbitros". Eso fue justamente lo que hicieron, personalmente dirigidos nada menos que por el entonces viceministro de Seguridad Ciudadana, General Francisco Belisario Landis. Lo que ocurrió después fue aún más sorprendente: los principales funcionarios del Gobierno, incluyendo al propio Chávez, en lugar de deplorar los hechos y ordenar una investigación sobre las irregularidades ocurridas, se dedicaron a calumniar a insultar a los de Fuerza Solidaria. Por si fuera poco, una de señoras que asistieron al acto, Yrma Maes, fue secuestrada el 28 de mayo y torturada por nueve individuos con apariencia de agentes de seguridad, algunos de ellos de marcado acento cubano. Pese a todo, los objetivos de Fuerza Solidaria, de crear conciencia en los venezolanos sobre los peligros de la cubanización, fueron logrados plenamente, porque la publicidad que obtuvo la concentración fue cien veces superior a lo esperado. Medios de comunicación nacionales e internacionales llegaron a las inmediaciones de la Embajada de Cuba para mostrar al mundo la cruda realidad. El Gobierno de Hugo Chávez, que se había cuidado internacionalmente en denominarse "demócrata" y "respetuoso de las libertades" se había quitado abruptamente la careta: en primer lugar, organizó con fondos públicos una concentración oficial en favor del régimen cubano; en segundo lugar, lo hizo sin los permisos y reprimiendo el derecho de los demás disentir pacíficamente; en tercer lugar, llevó gente armada con cabillas y cuchillos, y les proporcionó licor, incitando de esta forma a la violencia; y en cuarto lugar, ordenó a los cuerpos policiales del Estado no cumplir con su obligación. Quedó evidenciado que el Gobierno prefiere defender los intereses de Fidel Castro, que cumplir con la Constitución y las leyes. Pero si todavía quedaban dudas, el Presidente se encargó de aclararlas justo al día siguiente de los acontecimientos frente a la Embajada de Cuba, cuando afirmó sin ambigüedades que él es el segundo Fidel. |