Por querer globalizarse, terminaron globalizados

Por la Unidad de Investigación de Fuerza Productiva (julio 2000)

En una entrevista publicada en El Universal el 18 de junio de 2000, Ricardo Zuloaga, hijo del hombre que en 1896 fundó de la Electricidad de Caracas, expresó su descontento por la venta de la empresa diciendo que lo ocurrido fue "el precio de pensar en grande, de globalizadores pasamos a globalizados".

Zuloaga se refería a la política iniciada en 1992 por Elecar de diversificar las inversiones comprando acciones en CANTV, Domegas, Genevapca, y empresas en Colombia y Ecuador. Zuloaga todavía piensa que esa política fue acertada, sin embargo, otros no comparten su criterio y, por el contrario, opinan que esa fue una de las causas que motivó la venta de Elecar a precio de "gallina flaca".

La diversificación afectó la liquidez

El valor en el mercado de las acciones de Elecar fue bajando paulatinamente desde 8 dólares en 1992, hasta 40 centavos de dólar en 1999. El precio bajó por diversos motivos: la depresión económica del país y la devaluación constante de la moneda, ambas ocasionadas por la aplicación de las recetas del Fondo Monetario Internacional o sus variantes; así como la incertidumbre política; pero, según nuestras fuentes, también influyó la decisión de invertir en actividades que no redundaron en ingresos para la empresa, ya sea por haber resultado en pérdidas, o por no haber proporcionado dividendos inmediatos. Por ejemplo, para comprar el 8 por ciento de la CANTV (a través de un consorcio integrado, entre otros, por ATT, la Telefónica Española y GTE), Elecar desembolsó 360 millones de dólares.

Como consecuencia de la falta de liquidez ocasionada por este tipo de inversiones, la directiva se vio obligada a emitir nuevas acciones a fin de pagar utilidades a los accionistas, lo cual hizo descender el precio de las acciones.

Algunos accionistas critican esta política per se, aún si estas inversiones hubiesen dado ganancias, porque, a diferencia de las empresas comerciales, las de servicio público están prácticamente obligadas a reinvertir sus excedentes dentro de la propia empresa, a fin de asegurar el buen servicio al suscriptor. Valga como ejemplo una empresa fabricante de ropa, que puede decidir no expandir sus ventas, pero una empresa eléctrica está obligada a hacerlo, suministrando el servicio a toda vivienda o fábrica que se construya en la región, sobre todo cuando se trata de un monopolio, como es el caso de Elecar.

Posiblemente la directiva quiso invertir fuera debido a que las tarifas reguladas por el Gobierno no permitían obtener las ganancias esperadas, pero muchos piensan que la solución no era diversificarse, y menos aún en empresas de servicios cuyas tarifas estaban también sujetas a regulación, ya sea dentro del país, como es el caso de la CANTV, o fuera, como las empresas eléctricas en Colombia y Ecuador; y más bien consideran que el camino era dar la pelea por obtener tarifas más adecuadas y mejorar el rendimiento reinvirtiendo en Elecar.

Bajo rendimiento

En el análisis de costos de la Electricidad de Caracas para el año 1995, se observan algunas señales de alarma. El 4 por ciento de los ingresos de Elecar, fueron destinados a pagar los sueldos de la alta gerencia, un poco alto si se compara con los pagos de combustible (3%) y con el pago a Edelca por el suministro de energía (2%). Ese año, los gastos financieros llegaron a un porcentaje del 26 por ciento (para una empresa que no debería tener mayores deudas), lo cual casi llegó al 32 por ciento destinado a operaciones y mantenimiento.

En cambio, la Electricidad del Estado de Florida (Florida Power and Light Co) distribuyó sus costos en 1998 de la siguiente manera: el 63 por ciento para producción y distribución de electricidad y 26 por ciento para el combustible, insumo costoso en los Estados Unidos. En este caso, el grueso de los ingresos han sido dirigidos a producir electricidad y no a otros rubros. A fin de cuentas, el suscriptor venezolano paga por kilovatio hora el doble (.08$) de lo que paga un consumidor en Miami (.04$). Aun considerando el subsidio a los barrios (que se conectan sin pagar) y al gobierno (que por lo general tampoco paga, o paga tarde), la diferencia entre 4 y 8 centavos de dólar indica el bajo rendimiento de Elecar.

Y es que la globalización conlleva su propia cultura: la orientación tradicional hacia actividades casi exclusivamente productivas, basada en la inversión continua en maquinaria que incorpore los nuevos avances científicos y tecnológicos, a fin de mejorar la productividad; ha sido sustituida por una política basada primordialmente en lograr altos rendimientos financieros y en abarcar cada vez más actividades, incluso de carácter internacional, muchas veces en detrimento del buen funcionamiento de la empresa.

El modelo «moderno» de dirección, que se moldea a través de las escuelas de las economía más afamadas y de estereotipos difundidos por revistas y demás medios de comunicación, troca la tradicional función productiva y social del empresario por el afán de expansión y de lucro.

En este sentido, podría decirse que los empresarios "modernos", con mentalidad "globalista", que asisten a estas escuelas, terminan siendo víctimas de la ideología que imperceptiblemente les han inculcado. Esto no sólo se aplica al caso analizado, sino a muchas otras empresas que, por intentar expandirse acorde con los conceptos prevalecientes, menoscabaron las sólidas posiciones obtenidas durante décadas de esfuerzo. El grupo Corimón, por ejemplo, inició una agresiva política de internacionalización, lo cual le generó una deuda que mermó sus posibilidades de subsistir. El plan de expansión del grupo Mendoza, otro ejemplo, debilitó a sus empresas tradicionales, llevándolas a una situación precaria. En efecto, por querer globalizarse, terminaron globalizados.

Por: Alejandro Peña Esclusa
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