Entrevista Una filosofía para el desarrollo de Venezuela Nuestro entrevistado, Oswaldo Koeneke, es ingeniero electricista (UCV, 1969); Master in Science con estudios parciales de doctorado en sistemas de control, comunicaciones y matemáticas aplicadas (Universidad de California en Los Angeles). Tiene mención honorífica del Premio de Desarrollo Tecnológico (1980) y su empresa, AETI, obtuvo el Premio Nacional de Tecnología (1984). Posee vivo interés en lo tocante al desarrollo industrial de las naciones, habiendo estudiado este fenómeno en los países desarrollados y en los semi-desarrollados. Actualmente se desempeña como director técnico de la revista Fuerza Productiva y vicepresidente de la Asociación Civil Fuerza Solidaria. Koeneke asegura que Venezuela podría ser un país industrializado en relativo corto plazo, si se pusiera en práctica una adecuada filosofía para el desarrollo nacional. Pregunta: Usted ha estudiado los procesos de desarrollo de otras naciones. ¿Puede Venezuela ser algún día una potencia industrial? Respuesta: Venezuela tiene todas las posibilidades de desarrollarse aceleradamente, porque cuenta con tres elementos básicos: abundantes recursos naturales, una planta industrial de consideración y un amplio sector de la población capacitado profesionalmente. Hasta ahora no ha habido desarrollo debido a un problema de orden filosófico: hemos preferido utilizar las divisas que obtenemos del petróleo para importar bienes, en lugar de asumir el reto de producirlos nacionalmente. Lo poco que producimos —y cada vez es menos— se limita al sector de "bienes de consumo" (alimentos, ropa, piezas, etcétera). Hemos descartado de plano la producción en los sectores de "bienes de capital" (motores, turbinas, transformadores, etcétera) y de "máquinas de herramienta" (tornos, dobladoras, cortadoras, fundidoras, etcétera) a la espera de que surjan espontáneamente. Aunque en los años 80 hubo un Consejo Nacional de Bienes de Capital, y se establecieron incentivos fiscales para estimular la incorporación de bienes de capital, de ninguna manera hubo un esfuerzo serio de los gobiernos en desarrollar este sector fuera de tímidamente incentivar la producción de partes y piezas. P: ¿A qué se debe ese fenómeno? R: En parte, a razones ideológicas. Hay la concepción generalizada, aunque profundamente equivocada, según la cual es preferible comprar barato en el exterior, en lugar de producir en Venezuela. Ese ha sido el camino fácil —pan para hoy, hambre para mañana— reforzado por la solvencia económica que ha tenido nuestra moneda en el pasado. Políticos y economistas nunca han planteado seriamente la necesidad de desarrollar nacionalmente el sector sofisticado de la industria; por su parte, los empresarios viajan automáticamente a las ferias de Frankfurt, Milán, Cincinatti, para adquirir sus máquinas; que por cierto son cada vez más difíciles de reemplazar, por los altos costos derivados de las devaluaciones, y por tanto se obsoletizan y dejan de ser competitivas. No se les ocurre promover aquí la elaboración de maquinaria. Se piensa que no somos capaces o que no vale la pena, porque "los extranjeros lo hacen mejor". Pues bien, aunque sea el camino difícil, hay que emprenderlo, como lo han hecho los norteamericanos, los japoneses y los europeos; de lo contrario, estaremos condenados eternamente al subdesarrollo. Por otra parte, existen intereses creados; fabricantes internacionales —con sus agentes, socios y representantes dentro del país— que no les interesa una industria nacional de bienes de capital. Para ellos es más rentable que nos limitemos a comprar las máquinas en el extranjero y que dependamos de ellos, ya sea para renovar la maquinaria, para hacerles mantenimiento o para comprar piezas. En este sentido, recurren al uso de técnicas de mercadeo para inculcar determinadas formas de pensar u orientan aviesamente políticas de Estado desde organismos multilaterales internacionales. A veces, han llegado al extremo de sobornar o de presionar a funcionarios gubernamentales para lograr sus fines. P: ¿Cuál es su propuesta para superar estos obstáculos? R: Bueno, ante todo hay que rechazar las presiones externas que evitan que el país tome decisiones convenientes al Bien Común, llevando a cabo una campaña de mentalización de los venezolanos en estos temas de desarrollo, abarcando desde el más alto nivel, es decir, de los que toman las decisiones, para que asuman el compromiso de producir nacionalmente; hasta de los consumidores, que deben tomar la decisión política de comprar bienes hechos en Venezuela, aunque temporalmente sus calidades y precios no sean óptimos. Es necesario hacerles ver que los esfuerzos y sacrificios involucrados en este cambio de proceder conllevan grandes beneficios, particularmente el hecho que se abrirían numerosas plazas de empleo; ¡hay que ver la cantidad de empleos que genera el sector bienes de capital y máquinas herramienta en la industria de bienes de consumo!. Cada vez que compramos máquinas fuera del país, estamos generando empleo en el exterior y desempleo en el nuestro; en otras palabras, usamos las divisas petroleras para perjudicarnos. P: ¿Qué otros beneficios habrían? R: Son muchos y muy emocionantes. Primero, a diferencia del sector de bienes de consumo, estos sectores son autosustentables y reproductivos. Me explico: un bien de consumo se utiliza y desaparece; en cambio, un motor o un torno, diariamente produce nueva riqueza. Se trata de un tipo de inversión que no se pierde. Segundo, la generación nacional de más y mejores máquinas provee al resto del sector industrial mayor capacidad de producción, lo cual lo convierte en un extraordinario multiplicador de la economía. Además, de esta forma se independiza el sector industrial de la permanente necesidad de renovar su equipo en el exterior para mantener su competitividad. En otras palabras, no se necesitan dólares y así el país se hace más autosuficiente. Esto significa que cuando ya no dispongamos de petróleo, o cuando su precio disminuya considerablemente, podremos contar con una planta industrial sofisticada que sostendrá económicamente al país. Definitivamente, es la mejor manera de "sembrar el petróleo". Tercero, son sectores que, para ser verdaderamente viables, requieren del desarrollo permanente de la ciencia y la tecnología. Como consecuencia, los institutos de investigación tendrían un incentivo concreto; y es que sus esfuerzos tendrían un resultado práctico en la industria, lo cual a su vez les proporcionaría del financiamiento que tanto necesitan. Por otro lado, como las industrias de bienes de capital y de máquinas herramientas son "correas transportadoras" del desarrollo científico y tecnológico "aguas abajo", la población obtendría un beneficio concreto. ¡Qué mejor forma de ayudar a un pueblo que usar los avances tecnológicos para generar empleo, y para mejorar las calidades y precios de los productos, desde alimentos hasta viviendas, para que puedan adquirirlos más fácilmente! P: Usted insiste en el aspecto científico y tecnológico cuando habla de economía R: Claro, porque la aplicación del desarrollo científico y tecnológico en los sectores de bienes de capital y de máquinas herramientas, constituye el secreto de la producción y de la verdadera competitividad. La competitividad no se obtiene solamente mejorando los modelos gerenciales, recortando los gastos de las empresas, o pagando sueldos más bajos, sino aumentando la productividad, y eso se logra con el uso intensivo de las máquinas que hacen a los operarios ultra productivos. Las máquinas sustituyen el trabajo muscular —humano o animal— y multiplican labor del hombre. Pero si mediante el avance tecnológico, además se mejoran las características y condiciones de las máquinas, entonces se incrementa la productividad —es decir, se produce más con la misma maquinaria— y se mejora la calidad de los productos. ¡Eso es lo que realmente abarata los costos, y lo demás es falacia! Me preocupa una tendencia actual del capitalismo, que busca reducir costos pagando sueldos bajos, como ocurre con las llamadas fábricas "maquiladoras"; en lugar de mejorar los rendimientos económicos mediante la inversión en ciencia y tecnología; lo cual permite aumentar ganancias y sueldos a la vez. Los que apoyan la maquila no ven el problema nacionalmente y por ello buscan la reducción de costos, pero a la larga mutilan su nación del factor más importante, del conocimiento, pues atrofian al sector ciencia y tecnología. Aunque no se note instantáneamente, la ciencia y la tecnología abren vastos horizontes: aumentan el empleo; generan altas tasas de productividad per capita y, por tanto, alto rendimiento económico; e incrementan la capacidad adquisitiva de la población y el nivel de vida en general, sin mencionar la apertura de nuevos e insospechados horizontes, lo cual representa la verdadera esperanza de la humanidad en un mundo mejor. P: En Venezuela se duda de nuestra capacidad científica y tecnológica. ¿Qué tan realista resulta su propuesta, teniendo en cuenta nuestras deficiencias y limitaciones? R: Bueno, más que otra cosa, nuestras limitaciones son imaginarias. Es un problema de autoestima y de voluntad política. La realidad es que Venezuela sí cuenta con los recursos humanos necesarios para emprender un ambicioso plan de investigación científica y de desarrollo tecnológico. La bonanza petrolera, pese a que ha sido mal manejada, ha generado grandes beneficios, entre ellos la capacitación de un millón de profesionales universitarios, muchos de ellos con estudios de postgrado y doctorado dentro y fuera del país, incluso con experiencia en el área de investigación y desarrollo. Más bien muchos de ellos sufren de un alto grado de frustración por no poder aportar los conocimientos adquiridos durante años de esfuerzos; están subutilizados, desempeñando labores que están muy por debajo de sus capacidades. Lo cierto es que el país cuenta con un enorme contingente de especialistas, que en buena parte han decidido irse del país, tendencia que debe revertirse con atractivos adecuados y ninguno mejor que reactivar este sector tan importante de la economía nacional. En cuanto a las instituciones dedicadas a la investigación, las hay muchas y muy buenas, públicas y privadas; incluye las universidades e institutos superiores de tecnología; pero hasta ahora sus actividades han tenido sobre todo una orientación teórica, y no práctica, subordinada a la enseñanza, porque se parte del supuesto que, a la postre, la tecnología se comprará en el extranjero. Si se les cambia la orientación y se les induce a vincular sus actividades con la industria nacional, asegurándoles que su esfuerzo no se verá truncado con la importación innecesaria de tecnología, otro gallo cantaría. En cuanto al sector privado, existen numerosas empresas contratistas alrededor del petróleo y de las industrias básicas, que incorporan tecnología avanzada en los procesos de producción, adaptan máquinas, fabrican e instalan partes y piezas a equipos ya existentes, etcétera. Son empresas altamente tecnificadas, capaces de conformar una planta considerable de bienes de capital y de máquinas herramientas, si se les diera la confianza, otorgándole contratos y respaldo financiero. Hace algunos años, hubo experimentos exitosos al respecto, en los cuales yo participé personalmente con mi empresa, AETI. Sin embargo, esos esfuerzos quedaron truncados por razones de política económica y, desde entonces, se implementó una estrategia absurda de apertura a ultranza e incondicionada que llevó a contratar todo con empresas extranjeras, dejando a un lado las nacionales, o imponiéndoles condiciones extremadamente difíciles de cumplir. Actualmente, sobreviven a duras penas, en actividades de comercialización al detal, absolutamente ajenas a su área de especialización. Es importante que los gobiernos aprovechen estas potencialidades pronto, porque el potencial se está deteriorando rápidamente, por emigración y por muerte natural de los actores; y, sobretodo, porque es la única manera de abordar exitosamente el problema que formula la apertura económica. P: ¿A qué se refiere? R: A que existen compromisos contraídos con el Grupo de los 3 y planes perentorios para ingresar a una zona continental de libre comercio. P: ¿Y cuáles son las repercusiones para la economía nacional? R: Bueno, en primer lugar, si continuamos intercambiando materia prima por productos manufacturados, terminaremos con un gran déficit en la balanza de pagos y, como consecuencia, con más endeudamiento; porque ese esquema no genera capacidad sustentatoria. Y en segundo lugar, que nuestra planta industrial no podrá competir con rivales como Estados Unidos, México y Brasil, quedando en riesgo de desaparecer. Si, por el contrario, desarrollamos una sólida capacidad manufacturera, podremos exportar nuestros productos a nuevos mercados, aprovechando los acuerdos regionales; y podremos defender el nuestro, compitiendo exitosamente con los productos importados. Pero la condición indispensable es el desarrollar aquí en Venezuela, la ciencia y la tecnología, y dotar a nuestras fábricas de máquinas y herramientas que garanticen una alta productividad nacional. Pero todo esto requiere de una decisión de Estado, porque a diferencia de la fabricación de bienes de consumo, que puede restringirse al mero ensamblado o a alguna parte del proceso productivo, los bienes de capital y las máquinas herramientas exigen la realización de todo el proceso productivo, requiriendo a su vez maquinaria y equipos altamente sofisticados que habría que adquirir en el exterior. Es una escala muy grande, que no puede manejarse con la mera iniciativa individual, al menos en una nación en desarrollo, como la nuestra; requiriendo del respaldo del Estado, aunque se lleve a cabo mayoritariamente por el sector privado. P: ¿Cuáles serían las repercusiones de su propuesta sobre la deuda externa? R: Al principio, no habría mucha variación en su comportamiento, porque aunque ahorraríamos divisas fabricando internamente nuestras propias máquinas, en lugar de importarlas; tendríamos que gastar su equivalente importando los equipos sofisticados que se requieren para producir bienes de capital y máquinas herramienta. Eso sería prontamente compensado por el efecto de producir con calidad los bienes de consumo que el país requiere, y en un futuro incluso generar divisas exportando esos bienes que tendrían ya toda la posibilidad de competir internacionalmente. En el mediano plazo, sí habría una modificación sustancial de nuestra situación de la balanza de pagos, porque disminuiría considerablemente el requisito de divisas para las importaciones de bienes de consumo, que al fabricarlos nacionalmente de modo competitivo generaría la tendencia a aumentar las exportaciones no tradicionales, con lo cual se obtendrían divisas adicionales a las del petróleo. P: A manera de conclusión ¿Qué más añadiría usted? R: Bueno, está el asunto de la factibilidad económica de esta propuesta, la cual está sin duda asegurada, siempre y cuando se calcule adecuadamente. P: ¿A qué se refiere? R: En el caso de la contabilidad nacional, el presupuesto está casi siempre comprometido hasta el último centavo, y, como el criterio que se usa para hacer cálculos de factibilidad es de tipo monetario, se descarta de antemano cualquier propuesta crediticia de apoyo al sector reproductivo de la economía. En este caso, lo importante es que se cuenta con lo principal, que no es el papel moneda, sino, como expliqué al inicio, la combinación de materia prima, mano de obra capacitada, y planta instalada. El financiamiento se puede obtener por muchas vías, y las ganancias obtenidas con un plan nacional de desarrollo como el que he planteado aquí, excederá el pago de cualquier endeudamiento, y más bien generará un superávit jamás visto, aparte de la satisfacción de tener —¡por fin!— un país desarrollado. P: Al principio hablaba usted de las obras de infraestructura R: Junto con los sectores sofisticados y pesados de la industria, el otro sector importante para el desarrollo nacional es de las obras de infraestructura, que va íntimamente ligado a aquellos. Aparte de mejorar la calidad de vida de la población, las obras de transporte y vialidad, aeropuertos, canales y puertos, obras hidroeléctricas y núcleo eléctricas, etcétera, son grandes generadoras de empleo, con un gran efecto multiplicador económico. La fabricación de infraestructura es la actividad económica que más rápidamente genera demanda agregada de bienes, presionando a las fábricas de bienes de consumo, que se ven obligadas a aumentar y mejorar sus procesos de producción, para satisfacer la demanda y aumentar la productividad. Estas a su vez generan una presión sobre las industrias de máquinas herramientas y de bienes de capital, generándose así un entramado de empresas interdependientes, que crece y se amplía en la medida en que se incrementa la demanda y se hace más sofisticado el proceso productivo. En los últimos años, las pocas veces que los gobiernos han llevado a cabo alguna obra de infraestructura, lo han hecho contratando empresas extranjeras, mediante la figura de la "concesión", en lugar de hacerlo con empresas nacionales. Ahora que estamos en una coyuntura crítica, es preciso que esto se reconsidere pero utilizando en la medida de lo posible, los recursos propios, sin caer, por supuesto, en la autarquía. |