Hace 200 años Benjamín Franklin refuta teorías económicas modernas Por: Alejandro Peña Esclusa (Octubre de 1999) Pocos lo saben, pero además de ser un extraordinario científico, creador del pararrayos, y principal promotor de la Independencia de los Estados Unidos, Benjamín Franklin (1705-1790) era también un connotado economista. Cuando apenas contaba con 24 años, Franklin publicó su "Modesta Investigación sobre la Necesidad y la Naturaleza del Papel Moneda", primera de una serie de propuestas que hizo para estimular la economía a través del incremento del circulante. A diferencia de las teorías monetarias prevalecientes hoy día, que tienen por objeto "frenar la inflación" a través de la "restricción de la liquidez", Franklin estaba enfrascado en aumentarla producción a fin de mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos. En cuanto al aumento de los precios, Franklin consideraba que se contrarrestaba haciendo crecer más rápidamente aún la capacidad adquisitiva de la población, por medio del aumento en la productividad. Según Franklin, la falta de liquidez perjudica la economía de cuatro maneras: primero, hace crecer las tasas de interés y causa una baja en el valor de tierras y bienes inmuebles; segundo, desincentiva el comercio y el intercambio en general; tercero, desincentiva la inmigración de mano de obra capacitada y más bien fomenta su emigración; y cuarto, origina un aumento en el consumo de bienes importados y una disminución en el consumo de bienes nacionales. Por otra parte, Franklin propuso utilizar como vara de medir la riqueza no la moneda, ni los metales preciosos, como se estila hoy en día, sino el trabajo: "Durante muchos años, aquellas partes de mundo involucradas en el comercio, han fijado en el oro y la plata como los materiales principales y más adecuados para este medio, siendo ellos en sí mismos metales valiosos por su finura, belleza y escasez. A través de estos metales, particularmente la plata, se han valorado las demás cosas. Pero como la plata en sí misma no tiene cierto valor permanente, variando su precio conforme a su escasez o abundancia, entonces parece un requisito fijar el valor conforme a algo más, algo más adecuado de convertirse en una medida del valor, y eso es el trabajo". En otro de sus documentos, titulado "Propuesta para Promover el Conocimiento Útil", Benjamín Franklin hizo hincapié en que la investigación y la ciencia debían ser los ejes de la economía porque "arrojan luz sobre la naturaleza de las cosas, tienden a aumentar el poder del hombre sobre la materia, y multiplican las conveniencias o los placeres de la vida". Estas y otras propuestas de Franklin fueron retomadas y mejoradas por su amigo y admirador, Alexander Hamilton, primer Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, para presentarlas al Congreso donde, luego de ser aprobadas, se convirtieron en el Sistema Americano de Economía Política. Treinta y cinco años más tarde, Estados Unidos era un emporio de riqueza, como lo señalaban asombrados los visitantes que venían de Europa. En este mundo moderno, donde el trabajo y la capacidad productiva de una nación ya no se valoran como en el pasado, sino que predomina la ganancia fácil y la especulación monetaria, vale la pena redescubrir los ensayos económicos de Benjamín Franklin. Seguidamente, por primera vez en español, extractos de la "Modesta Investigación sobre la Necesidad y la Naturaleza del Papel Moneda" Documentación Sobre la necesidad y la naturaleza del papel moneda La restricción del circulante destruye la economía Por: Benjamín Franklin Existe una cierta cantidad de dinero requerida para llevar a cabo libre y fluidamente el comercio en una nación; más de la cual no significa una ventaja para el comercio, y menos, excesivamente perjudicial: Primero. La falta de circulante ocasiona un aumento en la tasa de interés. Y cuando escasea, no hay ley que impida contratar empréstitos con altas tasas. Porque aquel que lo necesita, encontrará la forma de pagar el diez por ciento, cuando no lo pueda obtener por menos, aunque la ley prohiba pagar más del seis por ciento. Ahora bien, las altas tasas perjudican a un país de diversas formas. Produce una baja en los precios de las tierras, porque menos gente invierte en comprar tierras, pudiendo obtener mayores ganancias prestando el dinero a interés. Y mucho menos aventurarán su dinero en el comercio marítimo, cuando pueden, sin riesgo ni peligro, obtener ganancia grande y segura manteniéndolo en casa; desincentivando así el comercio. Y si en dos países vecinos, los comerciantes de uno, por tener mayor circulante, pueden obtener préstamos para el comercio a menor tasa que los del otro, tendrán infaliblemente la ventaja, y obtendrán la mayor parte del comercio; porque aquel que paga el ocho o el diez por ciento, no puede mantenerse en un mercado donde se paga el cuatro o el seis. Por el contrario, la plenitud de circulante causa una baja en las tasas de interés; y esto inducirá a la gente a invertir su dinero en tierras, en lugar de prestarlo, lo cual ocasionará un aumento en el valor de las tierras. A la vez, significará un aumento en la actividad comercial, puesto que la gente preferirá invertirlo en esa forma, y no en la usura; y muchos que saben de negocios, pero no tienen suficientes inventarios propios, cuando las tasas son bajas pedirán prestado para así poder comerciar. Segundo, la falta de circulante en un país reduce el precio de aquella parte de su producción que se utiliza en el comercio; porque, al desincentivarse el comercio por esa carencia, existe mucho menos demanda por el producto. Y esta es otra razón por la cual bajan los precios de las tierras, especialmente en aquellos casos en que la principal mercancía nacional proviene del cultivo; porque, habiendo bajado los precios de esa mercancía, menos personas consideran ventajosas la agricultura o la mejora de las tierras. Por el contrario, cuando existe abundante circulante, las mercancías aumentan su precio; porque, al incentivarse el comercio por esa abundancia, habrá mucho mayor demanda por el producto, lo cual a su vez incentivará la labranza y el cultivo, y consecuentemente aumentará el valor de la tierra, porque mucha más gente, que de otra manera buscaría empleo más provechoso, se dedicaría a la agricultura. Hemos experimentado como el aumento del circulante, ha incentivado nuestro comercio, particularmente en el caso de un rubro: la construcción de barcos, con gran ventaja para nosotros como país comercial, que tenemos los obreros y todos los materiales para hacerlo aquí... Si no lo hiciésemos nosotros, nos veríamos obligados ya sea a comprar de otros países tantos barcos como necesitásemos, o contratarlos para transportar nuestras mercancías al mercado, lo cual haría más cara su adquisición... Tercero. La falta de circulante en un país desincentiva a los trabajadores y artesanos (que constituyen la fuerza principal y el respaldo de un pueblo) de venir a establecerse, e induce a muchos que ya están establecidos a irse del país, y a buscar actividad y empleo en otros lugares, donde sean mejor pagados. Porque, ¿Qué puede ser más descorazonante para un trabajador laborioso que, después de haberse ganado el pan con el sudor de su frente, deba invertir la misma cantidad de tiempo, y casi la misma fatiga, en obtener su paga? Y nada hace peores pagadores que la falta de circulante. Y aquí otra vez está una tercera razón de la baja en los precios de la tierra de un país así, porque el valor de la tierra siempre aumenta en proporción al aumento de la gente que allí se establece, puesto que habrá más compradores; y su valor disminuirá infaliblemente, si el número de sus habitantes decrece. Por el contrario, la abundancia de circulante incentivará a un gran número de trabajadores y artesanos a venir y establecerse en el país, por el mismo motivo que la carencia del mismo los ahuyentará. Mientras más habitantes, mayor la demanda de tierra (como queda dicho arriba), lo que aumentará su valor y el precio de venta. Lo mismo puede decirse de los alquileres, que mejorarán por las mismas razones; y, debido al aumento del comercio y las riquezas, se podrá pagar mejores alquileres. Ahora bien, habiéndose elevado los alquileres, y bajado los intereses, muchos, que en la escasez de dinero practicaban la usura, probablemente se inclinarán hacia la construcción; lo cual asimismo avivará sensiblemente los negocios en general; siendo esto una ventaja no sólo para los constructores, albañiles, carpinteros, vidrieros y otras artesanos empleados directamente en la construcción, sino para agricultores, cerveceros, panaderos, sastres, zapateros, comerciantes, y, en resumen, para todos aquellos que les venden sus productos. Cuarto. La falta de circulante en un país como el nuestro, causa un mayor consumo de bienes ingleses y europeos, en proporción al número de gente que de otra forma habría. Porque mercaderes y comerciantes, quienes emplean abundantemente trabajadores y artesanos, dándose cuenta que otros asuntos requieren el poco dinero que pueden obtener, obligan al trabajador a tomar la mitad o quizá dos terceras partes de su sueldo en bienes (importados)... a través de este extraordinario consumo de bienes extranjeros, puede haber beneficios para algunos en particular, pero el país en general se empobrece a pasos acelerados. Por el contrario, la abundancia de circulante causará menos consumo de bienes europeos, en proporción al número de personas, lo cual hará nuestra balanza comercial más equilibrada de lo que es ahora, si no es que se inclina a nuestro favor; porque al mismo tiempo se incentivará nuestra producción. Y debe observarse que, aunque menos mercancías extranjeras son consumidas en proporción al número de personas, sin embargo, esto no será en desventaja del mercader, puesto que el número total de personas se incrementará, lo cual causará un aumento en la demanda total de bienes extranjeros. (itálicas en el original) Documentación Sobre la necesidad y la naturaleza del papel moneda ¿Cómo se mide la riqueza de una nación? Por: Benjamín Franklin Dado que la Providencia ha dispuesto que no sólo los diferentes países, sino inclusive las distintas partes de un solo país, tengan su propia producción más adecuada a sus características; y de la misma manera, que distintos hombres tengan capacidades adaptadas a una variedad de artes y manufacturas diferentes; entonces el comercio, o el intercambio de un bien o producto por otro es altamente conveniente y beneficioso para la humanidad. Por ejemplo, A puede ser experto en el arte de hacer ropa, y B sabe de cultivar maíz. A quiere maíz y B, ropa; por lo que ambos intercambian con el otro cada vez que tengan ocasión de hacerlo, para ventaja y satisfacción mutua. Pero como sería muy tedioso si no hubiese otra forma de intercambio general, distinto al trueque inmediato de bienes, porque un hombre que tenga maíz a su disposición y quisiera ropa a cambio, podría quizá en la búsqueda de alguien con quien negociar, encontrarse con veinte personas con ropa disponible pero sin deseo de obtener maíz, y con veinte más con necesidad de maíz pero sin ropa que suministrarle. Para remediar estos inconvenientes y facilitar el intercambio, el hombre inventó el dinero, mejor denominado medio de intercambio, porque a través de él, o por su medio, el trabajo se intercambia por trabajo, o un bien por otro. Y cualquier instrumento particular que el hombre haya acordado hacer de este medio, ya sea oro, plata, cobre, o tabaco, es, para aquellos que lo poseen (si es que desean obtener algo), justamente aquello que desean, porque se los procurará de forma inmediata. Es ropa para el que quiere ropa, y maíz para quienes quieren maíz; y así sucesivamente con el resto de las necesidades, es justamente aquello que les procurará. De esta forma, aquel que tenga maíz a su disposición, y a cambio quisiera comprar ropa, podría vender el maíz por su valor en este medio genérico a quien quiera maíz pero que no tenga ropa, y con este medio podría comprar ropa a quien no quiera maíz, pero sí algún otro producto, como podría ser el hierro, lo cual se será procurado inmediatamente a través de este medio; y así podría decirse que cambió su ropa por hierro. De esta manera, rápidamente se lleva a cabo un intercambio general para la satisfacción de todos los involucrados, con abundancia y facilidad. Durante muchos años, aquellas partes de mundo involucradas en el comercio, han escogido el oro y la plata como los materiales principales y más adecuados para este medio de cambio, siendo ellos en sí mismos metales valiosos por su finura, belleza y escasez. A través de estos metales, particularmente la plata, se han valorado las demás cosas. Pero como la plata en sí misma no tiene cierto valor permanente, variando su precio conforme a su escasez o abundancia, entonces parece un requisito fijar el valor conforme algo más adecuado de convertirse en una medida del valor, y eso en mi opinión es el trabajo. Por medio del trabajo puede medirse el valor de la plata así como de cualquier otra cosa. Porque, supongamos que un hombre se dedica a cultivar maíz, mientras que otro a excavar y refinar plata; al final del año, o de cualquier otro período de tiempo, la producción completa de maíz y la de plata son el precio natural de cada uno de ellos; y si una es de veinte cestas (bushels), y la otra veinte onzas, entonces una onza de esa plata vale el trabajo de cultivar una cesta de ese maíz. Ahora bien, si por el descubrimiento de minas más cercanas o más ricas, un hombre puede obtener cuarenta onzas de plata con la misma facilidad que antes obtenía veinte, y se requiere del mismo trabajo para cultivar veinte cestas de maíz, entonces dos onzas de plata no costará más que el mismo trabajo de cultivar una cesta de maíz, y esa cesta de maíz que antes valía una onza, ahora valdrá dos, caeteris paribus. Por tanto las riquezas de una nación deben ser medidas por la cantidad de trabajo que sus habitantes sean capaces de comprar, no por la cantidad de oro o plata que posean, que podrá servir para comprar más o menos trabajo, y por tanto será más o menos valiosa, como se dijo arriba, dependiendo de su escasez o su abundancia. Dado que esos metales han crecido en abundancia en Europa desde el descubrimiento de América, su valor se ha hundido excesivamente; por ejemplo, en Inglaterra, anteriormente un penique de plata valía una jornada de trabajo, pero ahora difícilmente vale la sexta parte de una jornada. (itálicas en el original). |